Percepciones ciudadanas de realidades pueblerinas
El conflicto entre el Gobierno y el Campo me lleva necesariamente a reflexionar sobre la percepción que el habitante de las grandes urbes tiene, en relación a la real dimensión de lo que pasa en las actuales circunstancias, en los pueblos del interior.
Advierto con casi 30 y pico años de radicación en una gran ciudad, pero con orígenes y contactos en el pujante, al menos hasta el 11 de marzo, corazón de la pampa húmeda argentina, que los medios de comunicación han acercado bastante la situación, aunque no lo suficiente.
Mostrar la gente al costado de la ruta es colocar en la pantalla la imagen más vendedora del conflicto para el consumidor de noticias, y pareciera que esa fuera toda la consecuencia de la protesta.
Es válido recordar que la economía de nuestros pueblos desde siempre, se administró a través de actores institucionales , que en su momento fueron las tradicionales Casas de Ramos Generales, y/o las Cajas de Crédito, que prácticamente desaparecieron de la escena entre los 60 y los 70, las Cooperativas Agropecuarias que surgieron en la década del 50 y aún continúan, luego de la debacle de los 90, cuando no las grandes casas Acopiadoras, así como también las Mutuales de Ayuda Económica y Bancos, que convivieron, conviven y convivirán, con el omnipresente, nunca bien poderado y tradicional prestamista unipersonal.
Estos tomadores de ahorros del pueblo multiplican el dinero local, sobre la base de la confianza en la capacidad de pago de los solicitantes de financiamiento.
En general el ciclo de “el crédito” o “el fiado” en la comunidad, se emparenta al lapso siembra- cosecha, tanto para la producción agropecuaria directa, como así también para todo lo que se encuentra vinculado indirectamente a ella.
Esa rueda de financiación sobre la base del ahorro que se invierte o gasta, perfecciona su vuelta para poder seguir girando , precisamente con la comercialización de los productos, pasando físicamente del campo al puerto o el molino.
Dejar de comprar y vender cereales y oleaginosas, además del parate de todos los servicios comerciales aparejados, implica el hecho de no “perfeccionar el giro de la rueda”, materializando la imposibilidad de cancelar los pasivos asumidos, que fueron otorgados sobre la base del ahorro comunitario, quedando explicitada la imposibilidad de volver a prestarlos oprtunamente, para gastarlos o invertirlos nuevamente, de acuerdo a la preferencia de quien lo necesite.
Menos consumo y/o menos producción, replicado en la totalidad de las regiones, inexorablemente se trasladará a las grandes ciudades, aportando un enfriamiento adicional al que naturalmente trae la llegada del invierno.



